COSAS DEL CAMPO



Flor de mayo
Tal vez no sea cierto pero en ninguna parte he visto la flor de mayo que se da en mi pueblo. No hay flor más tierna ni más inocente. Huele a incienso y a iglesia de barrio pobre. Florece en mayo y se da en racimos. Los niños las junta en canastillas y las ofrecen a la Virgen.

El pochote
Nadie me venga a preguntar qué es el pochote. El pochote es como una motita de algodón que se desprende de un árbol y vuela por el cielo. El pochote vuela y vuela y cruza la ciudad y va a parar lejos. Es una alegría ver aquellos copos blancos y casi transparentes rodar en alas del viento, remontar las alturas y confundirse con las nubes.

La ciénega
En mi pueblo se dice ciénega y no ciénaga. El tren del norte cruza el puente de la ciénega y cuando faltan dos leguas para llegar al puerto. Se siente entonces el olor del mar y la acidez del zargazo. Al paso del tren se levantan bandadas de garzas. Al fondo, entre el follaje, un indio, en silencio, empuja su canoa con un palo largo y negro que hunde en el fango. El agua apenas si se mueve.

Vientos de semana santa
Por febrero y marzo los vientos del sur dominan en mi pueblo. Estos vientos son calientes y desapacibles y a veces arrecian y traen entonces el olor y la ceniza de los montes recién quemados. La gente sabe que estos vientos anuncian los días de la Semana Santa.

El rocío
Dicen que hay rocío en todas partes. Pero el mejor rocío del mundo es el de mi tierra. ¡Éste sí que es rocío lindo! Hay que verlo para convencerse de que es imposible que haya otro superior. El rocío de mi tierra es humilde, calladito, dulce y niño y tiene un aroma tibio. La noche lo pule con su sombra y el sol de la mañana, antes de evaporarlo, lo besa y lo llena de luz.

La milpa
La milpa es todo para el indio; es su trabajo, su pan, su descanso y su alegría. Es, en una palabra, su vida. Cuando el indio regresa de la milpa, trae en los ojos la lucecita alegre del buen cansancio.

La ceiba
La ceiba es el árbol sagrado de los indios. La ceiba parece un árbol eterno; nunca pierde sus hojas. Es alto, recio y no hay huracán capaz de doblegarlo. Los rayos huyen de él. La Xtabay se oculta en su tronco para espiar a los caminantes.

Murciélagos
—¡Válgame Dios qué animales más feos son los murciélagos! Parecen pequeños diablos. Cuando pliegan las alas recuerdan a Mefistófeles. Al anochecer revolotean en los patios, se meten en las cocinas y en los corredores o se esconden en las vigas de los techos. La gente los odia porque cree que les gusta fisgonear lo que pasa en las casas y que todo lo que ven y oyen, luego van y se lo cuentan al demonio. Con sus ojillos miran atónitos o asustados. Las criadas los persiguen, los atrapan y los clavan en las paredes. Para más embromarlos les ponen un cigarro encendido en la boca. El animalito entonces se atraganta con el humo, se agita, rasga sus alas y escapa dejando tras sí un reguero de sangre.

El grillo
No hay casa sin grillo. Los grillos son como la luz del silencio. El grillo es un animalito discreto y tímido. Se oculta tras los muebles, en los rincones, en los quicios de las puertas. Conoce como nadie el túnel de las cerraduras.
Cuando adivina que todos duermen sale de su guardia y se pone a cantar un poco alegre y un poco triste. Bueno, tristeza o alegría a él lo mismo le da. Al menor ruido se calla y se oculta. En cuanto asoma la claridad de la mañana se echa a dormir; entonces ningún ruido lo despierta.

El zopilote y el pich
El zopilote y el pich son dos aves negras y feas. El zopilote es grande; el pich es pequeño. Estas aves, sepa Dios por qué, nunca pueden estar juntas sin pelear; se odian y se persiguen. Pero en la pelea, contra toda razón, el pich gana siempre. El pich ronda al zopilote, le arrebata la presa, lo acosa y no queda tranquilo hasta que lo ahuyenta y lo obliga a remontar el vuelo.

Los zopilotes y la lluvia
Cuando se acerca la lluvia los zopilotes que andan volando por las alturas empiezan a descender gira que gira en círculos cada vez más estrechos. Ellos, sin duda, saben que la lluvia se acerca y sienten que el aire se humedece. No caerá la lluvia sino hasta que el último zopilote esté a salvo, agazapado bajo las ramas de un árbol.

El Venado
El venado tiene el color de la tierra. Pequeñito es como un niño; grande es como una flecha, como un relámpago gris que atraviesa el silencio de la selva.

Chepita Chacún
No sé cómo se llama en cristiano este pajarito; ni sé por qué le dicen Chepita Chacún. En cambio si sé que este pajarito sólo canta los domingos por la mañana. En el campo su canto se extiende dulce y tristón. Al oirlo la gente apresura el paso para no llegar tarde a misa.

Chepita Chacún,
Chepita Chacún,
cox huenel misa de San Juan.

Quiere decir: Chepita Chacún vamos a dormir a la misa de san Juan.

Tortolitas
En las horas del bochorno del medio día, el canto de las tortolitas es como el lamento del aire mismo ahito de cansancio y de soledad.

Gaviotas de tierra
A veces cuando sopla el viento del norte, llegan a la ciudad bandas de gaviotas; llenan el aire con sus gritos y revolotean sobre las casas y los patios, espantadas de no ver el mar. Algunas, abatidas de cansancio, caen muertas. Otras, al fin, venciendo el aire y el miedo, logran volver a la playa.

La langosta
Entonces, no sé por qué, durante la sequía solían caer sobre mi pueblo mangas de langostas que venían de las sierras de Petén.
Ennegrecían el cielo y desaparecía el sol. Se posaban sobre los árboles y cubrían, voraces, los patios y las sementeras. La gente las perseguía con palos y bejucos y hogueras; pero nada las amedrentaba; sin reposo ni cansancio roían y roían la vegetación hasta los más pequeños tallos. Una mañana remontaban el vuelo y desaparecían. Entonces se veía la ruina que habían dejado. No quedaba una hoja ni un cogollo ni una brizna de yerba.

Mariposas negras
De noche se meten en las casas unas mariposas negras. Cuando entran por el patio anuncian enfermedad; si entran por la ventana anuncian muerte. En realidad las pobrecitas sólo piden posada.

El pájaro Pis
La gente le dice el pájaro Pis, pero no es pájaro sino gusano con alas. Al atardecer hace su aparición en los patios y en los solares y su voz se oye, oculta y medrosa, entre la maleza o tras las albarradas. Parece que llama:
—Pis, pis.
Para que se calle la gente le dice:
—Te voy a acusar con Santa Rita.
Y se calla. Pero a poco, desobediente, vuelve a decir:
—Pis, pis.

La tarántula
La tarántula es el animal más asqueroso que he visto. Es una araña grande, de patas peludas, vientre negro y carapacho blanco gelatinoso. Vive en los lugares sucios, oscuros, húmedos y allí se está agazapada, esperando a su víctima. La tarántula mata de asco.

Serpientes
¡Qué horror! Se explica cómo llegó a ser la serpiente el animal mítico y temido de los indios antiguos. ¡Cómo estarían de inundadas de serpientes las viejas selvas! Hoy, todavía, cuando se viaja por los pueblos se ve que las serpientes cruzan los caminos o se cuelgan de las ramas de los árboles o se alzan, erguida la cabeza, dispuestas a lanzarse contra el viajero. Otras veces se oye cómo se deslizan, cobardes e hipócritas, entre las hojarascas del monte.

Mariposas en la calle
En la época de lluvia las calles se inundaban de lo lindo; por días y días parecían canales. Entonces nubes de mariposas pasaban volando a ras del agua y de vez en vez, se detenían en las florecillas de las ventanas.

Maquech
El maquech es un animal que parece un escarabajo. Los indios le pintan el lomo, le amarran una cadenita al cuello y así lo venden en los mercados. Las indias lo usan como amuleto. Dicen que el maquech se alimenta de aire y que puede vivir cien años. Yo no sé si esto es verdad, pero el caso es que, vivo o muerto, permanece inmóvil y con las patas tiesas.

El turix
Libélula, en lengua maya se dice turix. Los blancos le llaman Caballito del Diablo. Cuando un turix entra a una casa y vuela bajo, anuncia visita de gente pobre; pero si vuela alto, anuncia visita de gente rica. En cuanto el turix se va, la dueña de la casa manda barrer la sala, sacudir el estrado y preparar jícaras de pozole con miel.

La xcok
La xcok es un pájaro feo, gris, gordito y todo pechuga. Tiene aire indio y el cuello corto. No le duele vivir enjaulado. Parece que nació para prisionero. Desde su encierro canta que es un primor. Si se le abre la jaula sale, vuela por ahí y vuelve contrito de su paseo. Cuando es pequeño hay que alimentarlo con masa de maíz. Le gusta comer en la mano. Después ya grandecito, come alpiste y trocitos de papaya. Acaba por aprender su nombre y por conocer la voz de su dueño.

El faisán
El faisán de mi tierra es un ave gris, de vuelo corto, de andar pesado y que vive semioculto en los montes. La gente lo llama pavo del monte. Los cazadores lo persiguen con furia. Su carne es blanda y sabrosa y se guisa con mucho adobo.



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